59_Libro_carta_de_Santiago

Santiago

Capítulo 1

1 JACOBO, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, á las doce tribus que están
esparcidas, salud.
2 Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando cayereis en diversas tentaciones;
3 Sabiendo que la prueba de vuestra fe obra paciencia.
4 Mas tenga la paciencia perfecta su obra, para que seáis perfectos y cabales,
sin faltar en alguna cosa.
5 Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela á Dios, el cual
da á todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada.
6 Pero pida en fe, no dudando nada: porque el que duda es semejante á la onda
de la mar, que es movida del viento, y echada de una parte á otra.
7 No piense pues el tal hombre que recibirá ninguna cosa del Señor.
8 El hombre de doblado ánimo es inconstante en todos sus caminos.
9 El hermano que es de baja suerte, gloríese en su alteza:
10 Mas el que es rico, en su bajeza; porque él se pasará como la flor de la
hierba.
11 Porque salido el sol con ardor, la hierba se secó, y su flor se cayó, y
pereció su hermosa apariencia: así también se marchitará el rico en todos
sus caminos.
12 Bienaventurado el varón que sufre la tentación; porque cuando fuere
probado, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido á los que le aman.
13 Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios: porque Dios no
puede ser tentado de los malos, ni él tienta á alguno:
14 Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído,
y cebado.
15 Y la concupiscencia, después que ha concebido, pare el pecado: y el pecado,
siendo cumplido, engendra muerte.
16 Amados hermanos míos, no erréis.
17 Toda buena dádiva y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre
de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.
18 El, de su voluntad nos ha engendrado por la palabra de verdad, para que
seamos primicias de sus criaturas.
19 Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oir, tardío para
hablar, tardío para airarse:
20 Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.
21 Por lo cual, dejando toda inmundicia y superfluidad de malicia, recibid con
mansedumbre la palabra ingerida, la cual puede hacer salvas vuestras almas.
22 Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á
vosotros mismos.
23 Porque si alguno oye la palabra, y no la pone por obra, este tal es semejante
al hombre que considera en un espejo su rostro natural.
24 Porque él se consideró á sí mismo, y se fué, y luego se olvidó qué tal
era.
25 Mas el que hubiere mirado atentamente en la perfecta ley, que es la de la
libertad, y perseverado en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la
obra, este tal será bienaventurado en su hecho.
26 Si alguno piensa ser religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino
engañando su corazón, la religión del tal es vana.
27 La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es esta: Visitar los
huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este
mundo.

Capítulo 2

1 HERMANOS míos, no tengáis la fe de nuestro Señor Jesucristo glorioso en
acepción de personas.
2 Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro, y de
preciosa ropa, y también entra un pobre con vestidura vil,
3 Y tuviereis respeto al que trae la vestidura preciosa, y le dijereis:
Siéntate tú aquí en buen lugar: y dijereis al pobre: Estáte tú allí en
pie; ó siéntate aquí debajo de mi estrado:
4 ¿No juzguáis en vosotros mismos, y venís á ser jueces de pensamientos
malos?
5 Hermanos míos amados, oid: ¿No ha elegido Dios los pobres de este mundo,
ricos en fe, y herederos del reino que ha prometido á los que le aman?
6 Mas vosotros habéis afrentado al pobre. ¿No os oprimen los ricos, y no son
ellos los mismos que os arrastran á los juzgados?
7 ¿No blasfeman ellos el buen nombre que fué invocado sobre vosotros?
8 Si en verdad cumplís vosotros la ley real, conforme á la Escritura: Amarás
á tu prójimo como á ti mismo, bien hacéis:
9 Mas si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y sois reconvenidos de
la ley como transgresores.
10 Porque cualquiera que hubiere guardado toda la ley, y ofendiere en un punto,
es hecho culpado de todos.
11 Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás.
Ahora bien, si no hubieres matado, ya eres hecho transgresor de la ley.
12 Así hablad, y así obrad, como los que habéis de ser juzgados por la ley de
libertad.
13 Porque juicio sin misericordia será hecho con aquel que no hiciere
misericordia: y la misericordia se gloría contra el juicio.
14 Hermanos míos, ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene
obras? ¿Podrá la fe salvarle?
15 Y si el hermano ó la hermana están desnudos, y tienen necesidad del
mantenimiento de cada día,
16 Y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y hartaos; pero no les
diereis las cosas que son necesarias para el cuerpo: ¿qué aprovechará?
17 Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma.
18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus
obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.
19 Tú crees que Dios es uno; bien haces: también los demonios creen, y
tiemblan.
20 ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?
21 ¿No fué justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció á
su hijo Isaac sobre el altar?
22 ¿No ves que la fe obró con sus obras, y que la fe fué perfecta por las
obras?
23 Y fué cumplida la Escritura que dice: Abraham creyó á Dios, y le fué
imputado á justicia, y fué llamado amigo de Dios.
24 Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no
solamente por la fe.
25 Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fué justificada por obras, cuando
recibió los mensajeros, y los echó fuera por otro camino?
26 Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin
obras es muerta.

Capítulo 3

1 HERMANOS míos, no os hagáis muchos maestros, sabiendo que recibiremos mayor
condenación.
2 Porque todos ofendemos en muchas cosas. Si alguno no ofende en palabra, éste
es varón perfecto, que también puede con freno gobernar todo el cuerpo.
3 He aquí nosotros ponemos frenos en las bocas de los caballos para que nos
obedezcan, y gobernamos todo su cuerpo.
4 Mirad también las naves: aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos
vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón por donde quisiere el que las
gobierna.
5 Así también, la lengua es un miembro pequeño, y se gloría de grandes
cosas. He aquí, un pequeño fuego ­cuán grande bosque enciende!
6 Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. Así la lengua está puesta entre
nuestros miembros, la cual contamina todo el cuerpo, é inflama la rueda de la
creación, y es inflamada del infierno.
7 Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres de
la mar, se doma y es domada de la naturaleza humana:
8 Pero ningún hombre puede domar la lengua, que es un mal que no puede ser
refrenado; llena de veneno mortal.
9 Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos á los hombres, los
cuales son hechos á la semejanza de Dios.
10 De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, no
conviene que estas cosas sean así hechas.
11 ¿Echa alguna fuente por una misma abertura agua dulce y amarga?
12 Hermanos míos, ¿puede la higuera producir aceitunas, ó la vid higos? Así
ninguna fuente puede hacer agua salada y dulce.
13 ¿Quién es sabio y avisado entre vosotros? muestre por buena conversación
sus obras en mansedumbre de sabiduría.
14 Pero si tenéis envidia amarga y contención en vuestros corazones, no os
gloriés, ni seáis mentirosos contra la verdad:
15 Que esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrena, animal,
diabólica.
16 Porque donde hay envidia y contención, allí hay perturbación y toda obra
perversa.
17 Mas la sabiduría que es de lo alto, primeramente es pura, después
pacífica, modesta, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, no
juzgadora, no fingida.
18 Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen paz.

Capítulo 4

1 ¿DE dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No son de
vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros?
2 Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar;
combatís y gerreáis, y no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.
3 Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.
4 Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad
con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye
enemigo de Dios.
5 ¿Pensáis que la Escritura dice sin causa: Es espíritu que mora en nosotros
codicia para envidia?
6 Mas él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste á los soberbios, y da
gracia á los humildes.
7 Someteos pues á Dios; resistid al diablo, y de vosotros huirá.
8 Allegaos á Dios, y él se allegará á vosotros. Pecadores, limpiad las
manos; y vosotros de doblado ánimo, purificad los corazones.
9 Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro
gozo en tristeza.
10 Humillaos delante del Señor, y él os ensalzará.
11 Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano, y
juzga á su hermano, este tal murmura de la ley, y juzga á la ley; pero si tú
juzgas á la ley, no eres guardador de la ley, sino juez.
12 Uno es el dador de la ley, que puede salvar y perder: ¿quién eres tú que
juzgas á otro?
13 Ea ahora, los que decís: Hoy y mañana iremos á tal ciudad, y estaremos
allá un año, y compraremos mercadería, y ganaremos:
14 Y no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente
es un vapor que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.
15 En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quisiere, y si
viviéremos, haremos esto ó aquello.
16 Mas ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es
mala.
17 El pecado, pues, está en aquel que sabe hacer lo bueno, y no lo hace.

Capítulo 5

1 EA ya ahora, oh ricos, llorad aullando por vuestras miserias que os vendrán.
2 Vuestras riquezas están podridas: vuestras ropas están comidas de polilla.
3 Vuestro oro y plata están corrompidos de orín; y su orín os será
testimonio, y comerá del todo vuestras carnes como fuego. Os habéis allegado
tesoro para en los postreros días.
4 He aquí, el jornal de los obreros que han segado vuestras tierras, el cual
por engaño no les ha sido pagado de vosotros, clama; y los clamores de los que
habían segado, han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos.
5 Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis cebado
vuestros corazones como en el día de sacrificios.
6 Habéis condenado y muerto al justo; y él no os resiste.
7 Pues, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el
labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia, hasta
que reciba la lluvia temprana y tardía.
8 Tened también vosotros paciencia; confirmad vuestros corazones: porque la
venida del Señor se acerca.
9 Hermanos, no os quejéis unos contra otros, porque no seáis condenados; he
aquí, el juez está delante de la puerta.
10 Hermanos míos, tomad por ejemplo de aflicción y de paciencia, á los
profetas que hablaron en nombre del Señor.
11 He aquí, tenemos por bienaventurados á los que sufren. Habéis oído la
paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy
misericordioso y piadoso.
12 Mas sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la
tierra, ni por otro cualquier juramento; sino vuestro sí sea sí, y vuestro no
sea no; porque no caigáis en condenación.
13 ¿Está alguno entre vosotros afligido? haga oración. ¿Está alguno alegre?
cante salmos.
14 ¿Está alguno enfermo entre vosotros? llame á los ancianos de la iglesia, y
oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.
15 Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si
estuviere en pecados, le serán perdonados.
16 Confesaos vuestras faltas unos á otros, y rogad los unos por los otros, para
que seáis sanos; la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho.
17 Elías era hombre sujeto á semejantes pasiones que nosotros, y rogó con
oración que no lloviese, y no llovió sobre la tierra en tres años y seis
meses.
18 Y otra vez oró, y el cielo dió lluvia, y la tierra produjo su fruto.
19 Hermanos, si alguno de entre vosotros ha errado de la verdad, y alguno le
convirtiere,
20 Sepa que el que hubiere hecho convertir al pecador del error de su camino,
salvará un alma de muerte, y cubrirá multitud de pecados.

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